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La relación entre crecimiento económico y desigualdad van de la mano para el desarrollo de un país. Los niveles de desigualdad han aumentado en el mundo, afectando la movilidad social, ocasionando un progreso económico más frágil y aportando a las recesiones en países donde los niveles de desigualdad son más elevados.

La OCDE entrega datos importantes y alarmantes, indicando que el 10% de la población más rica de los países miembros de la OCDE tienen ingresos nueves veces superiores a los del 10% más vulnerable, siendo una línea que se mantiene y crece con el tiempo.

Es de conocimiento colectivo que los altos niveles de desigualdad trae grandes consecuencia sociales, que afectan y no permiten la movilidad social, crean conflictos y manifestaciones sociales, aumenta la delincuencia y disminuye el mercado laboral, impidiendo que la economía también sea aprovechada por los más desfavorecidos, afectando de primera forma a la clase media.

Actualmente existen diversos argumentos de porque la desigualdad afecta directamente el crecimiento económico y que los Gobiernos son los encargados de proporcionar soluciones y conseguir derribar la brecha.

Uno de ellos es que a mayor desigualdad, reduce las oportunidades de los profesionales en comparación a los sectores con más ventajas, limitando la movilidad social, lo que limita el crecimiento potencial de la economía. Por consiguiente un alto nivel de desigualdad implica menor inversión en el capital humano.

Por otro lado algunas investigaciones demuestran que a mayor desigualdad, la inversión a la educación es menor, afectando el crecimiento económico a largo plazo. Se declara también que quienes mantienen la riqueza tienen una gran influencia en las políticas públicas protegiendo sus intereses e impidiendo la inversión en sectores tecnológicos, de investigación y educación. Las grandes diferencias a la hora de repartir los recursos afecta el consumo, que actualmente es el 70% de la economía, esto deprime la demanda interna.

Desigualdad en Chile.

Luego de la democracia en 1990, en el país la pobreza se redujo a un 8,6% según la Encuesta Casen del 2017. Incluso especialistas indican que Chile es el país con mayor movilidad social de la OCDE y con uno de los PIB más altos de América Latina.

Carlos Ruiz, sociólogo y académico de la Universidad de Chile, explicó a DW; “el crecimiento existió. Hay un ciclo exportador de materias prima muy fuerte que produjo un crecimiento tremendo, el cual generó un milagro chileno que arranca a finales de los años 80. Esto conlleva a una reducción de la pobreza importante. La paradoja es que cada vez que se reducía la pobreza, aumentaba la desigualdad”.

De acuerdo a los indicadores del Banco Mundial, Chile es uno de los 10 países más desiguales del planeta.

Según al informe Panorama Social de América Latina elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal); en el 2017, el 50% de los hogares de menores ingresos, logró acceder al 2,1% de la riqueza neta del país, en tanto el 10% se concentró un 66,5% del total y el 1% más rico se adjudicó el 26,5% de la riqueza.

De la misma manera las mediciones de el Índice de Gini, en el que cero equivale a perfecta igualdad y 1 es inequidad, Chile registró 0,45 en 2017.

La Cepal también confirmó que la pobreza cayó tres puntos en Chile, entre 2016 y 2017 llegando a un 10,7%. De esta forma Chile se ubica en 2,3%, equivalente a 412.839 personas.

También la OCDE presentó un estudio económico de Chile en el 2015, presentando un informe sobre la distribución del ingreso, señalando que el crecimiento económico del país debe ser más inclusivo, dado que hoy el 10% más rico gana 26,5% más que el 10% más pobre, superando en un 100% a los países en la organización internacional.

Finalmente un país no crece ni se desarrolla de verdad, cuando la desigualdad impera entre chilenos,  y existe una brecha que se puede considerar insalvable si no se hace algo al respecto. La desigualdad también afecta en materia de educación al país, siendo Chile el país con el sistema educativo más segregado de los países que componen la OCDE. Se muestra que los sectores de menos ingresos han aumentado su ingreso a la universidad pero no siempre se dispone con el capital cultural, ni apoyo económico e institucional para egresar con éxito, muchas veces no consiguiendo el título.

También existe una gran brecha en la salud ya que la dotación de profesional depende de la región que se trate. En cuanto a la salud mental, las personas con un estrato socioeconómico más bajo tienen menos posibilidades de recibir un tratamiento óptimo.

Para mejorar el crecimiento económico de un país se debe reducir considerablemente la desigualdad, aportando a un modelos más equitativo, invertir en educación, investigación, infraestructura, salud y regular con mayor precisión el mercado financiero. Crear políticas que mejoren el empleo y los salarios. No solo se trata de soluciones éticas, si no que también económicas, ya que una mejor distribución de las oportunidades nos entrega mayor eficiencia y aumenta el crecimiento.

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